Ornette Coleman, el vuelo libre del jazz | Carne Cruda
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Ornette Coleman, el vuelo libre del jazz

Dejó dicho que “hay tantos unísonos como estrellas en el cielo”, forma bien poética de explicar en una sola frase la esencia de la música de Ornette Coleman, el padre honorífico del free jazz, que falleció el 11 de junio a los 85 años.  (por Carlos Pérez Cruz)

En ‘Carne Cruda’ hemos recorrido algunos hitos de uno de los grandes revolucionarios de la historia de la música y del jazz. Ornette Coleman lo fue en gran medida como alguien que multiplicó hasta el infinito las posibilidades de expresión del músico y que, sobre todo, potenció la idea de la individualidad dentro de una expresión colectiva. El suyo era un todo compuesto de miles de pequeñas partes, su música se construía a partir de la necesidad expresiva y no la expresión a partir de un artefacto previo. Aunque pueda parecer un contrasentido, la suya fue una revolución fundamentada en lo más primitivo del jazz, porque recuperó a su manera la esencia colectiva del jazz primigenio; su música fue profundamente melódica, de un melodismo y expresividad muy próxima al blues más descarnado.

Durante el programa hemos escuchado los testimonios de Fernando Ortiz de Urbina (autor del fabuloso blog ‘Desde la 52’), Ramon Prats (baterista, componente del cuarteto Sindicato Ornette) y de Joachim Kühn, pianista que tocó durante seis años con Ornette y cuya conversación íntegra puedes leer transcrita a continuación.

Joachim Kühn y Ornette Coleman (por Raúl Mao)

Joachim Kühn y Ornette Coleman (por Raúl Mao)

JOACHIM KÜHN: “ORNETTE TENÍA UN DON PARA LA MELODÍA”

Ornette no solía tocar con pianistas pero sí lo hizo contigo, ¿por qué?

Bueno, tocó con unos pocos pianistas, con Paul Bley, con Geri Allen…, y tocó conmigo. Fue un gran momento en mi vida, seis años tocando y estando muy cerca de él. Para cada concierto escribía diez composiciones nuevas y para trabajar en estas diez nuevas composiciones me hizo viajar de Ibiza a Nueva York para tocarlas en su fantástico Harmolodic Studio durante doce horas al día. El primer día estábamos revisando las notas y me dijo: “¡Haz los cortes! ¡Haz los cortes!”. ¿Qué querrá decir con eso? Y Denardo [hijo de Ornette y baterista] me dijo: “se refiere a los acordes”. Así que me dio libertad total para trabajar sobre su música en lo que se refiere a los acordes; o quizá sería mejor llamarlos sonidos, colores, para sus preciosas melodías. Él tenía un don para escribir melodías fantásticas. Hicimos 16 conciertos y para cada uno estuve una semana en su estudio en Nueva York; fue muy emocionante porque todo quedó grabado de forma profesional, el estudio era fantástico.

Yo ya lo había descubierto cuando vivía en Alemania del Este. Oí sobre un tal Ornette Coleman que improvisaba sin utilizar los cambios de acordes. Yo era un crío y claro, pensaba, “¿cómo es posible? ¡Eso tengo que escucharlo!”. Me enamoré de inmediato. Y en el 68 pude trabajar con Don Cherry. Hice una grabación con él, toqué un par de semanas en París en el club Le Chat Qui Pêche, hicimos más conciertos con ese proyecto durante los años 68 y 69. Así que ya me sentía muy próximo, pero he estudiado a Ornette toda mi vida por lo que, cuando llegó el momento de tocar con él, ya estaba preparado. Tuvimos una gran relación. Incluso durante un mes pude ponerle algunas grabaciones de Bach con composiciones que él no conocía. Fue interesante escuchar las cosas de otros y tocar para Ornette, a él le encantaba la música. Fue genial estar compartir apartamento con él, escuchar grabaciones, desayunar con él…, son momentos inolvidables de mi vida. Me contó un montón de historias. Siempre sentí por él un enorme respeto, él venía de los pobres entre los pobres y logró llegar a lo más alto a su manera. No resultaba fácil en los Estados Unidos venir de la nada, de menos que nada, y convertirse en uno de los protagonistas de la música moderna.

Uno de los conceptos relacionados con la música de Ornette es la “harmolodía”. Como tú has tocado con él, ¿podrías explicar en qué consiste?

Realmente nadie lo puede explicar. Ornette decía que lo explicaría de forma precisa en un libro, porque realmente nadie lo entendía. Lo que yo entendí es que todas las formas de tocar tienen la misma importancia; con él no hay líderes, todos son iguales, lo que te da todo tipo de libertades, a veces podía ser [tocar incluso] lo contrario a la melodía. Se refiere a la improvisación, pero no se trata tanto de un sistema en el que puedas tocar. Siempre me decía: “toca más siendo tú, toca más siendo tú, tú, tú”. No quería que lo siguiera sino que tocara como si fuéramos dos voces iguales. Los primeros tres años los hicimos a dúo y los últimos tres años tocamos en cuarteto, lo que era completamente diferente; ambas extremadamente interesantes. Tengo todas las copias de las grabaciones, si las pusiera me vendrían todas las historias a la memoria. Ornette fue uno de los músicos de jazz más grandes; por decirlo de alguna manera, es uno de los últimos dinosaurios. El único que queda es Sonny Rollins. Es uno de los mejores músicos de jazz, un inventor, inventó dentro del jazz un estilo absolutamente nuevo. Sin Ornette Coleman, millones de estudiantes de jazz hoy no tocarían de la forma en que lo hacen, especialmente los jóvenes interesados en la música libre tiene que estudiarlo. Es el padre de esta forma de tocar.

Para ti, ¿es el verdadero padre del free jazz?

Podría decirse que sí. Mucha gente se inspiró en la libertad de Ornette para desarrollar la suya propia. Hay mucho free jazz, no todo bueno, pero para todo el mundo que toca free jazz de alguna forma Ornette forma parte de su mundo, podría decirse que es el inventor de eso.

Me dijiste en Madrid que “Colors” [disco que grabó en concierto junto a Ornette] es una de tus grabaciones favoritas. ¿Qué te gusta especialmente de esa grabación?

Ese era sólo el segundo concierto, en Leipzig. Estuvo escuchando las grabaciones y me llamó una noche aquí a Ibiza para ver si me importaba que sacara un disco de aquello. [Risas]. No sólo era como músico un tipo un gran tipo, sino que además era extremadamente generoso. Conoció la vida desde lo más bajo y lo admiro porque el suyo fue un camino difícil para llegar a ser el Ornette Coleman que fue al final, un camino muy muy largo y no siempre fácil, tuvo que superar todo tipo de dificultades.

¿Recuerdas alguna historia personal, alguna anécdota, que vivieras con Ornette?

Recuerdo muchas.

Una para mí, por favor.

Una mañana estábamos tomando un café y me dijo: “¿Te he contado alguna vez la historia de cuando me encontré con Charlie Parker?” Entonces él era un tipo muy pobre. “Había empeñado mi saxofón para conseguir algo de dinero, compartía un alquiler con otros muchos tipos… Y Charlie Parker tocaba en un club a las afueras de Los Angeles”. Había un club y él conocía al camarero, y el camarero le dejó pasar para que escuchara las dos primeras canciones. Dado que no podía permitirse tomar nada, le dejó que escuchara las dos primeras, a condición de que cuando llegaran los clientes tenía que largarse del club. Escuchó las dos primeras canciones pero incluso desde fuera podía escuchar a Charlie Parker. Durante el descanso, Charlie Parker salió fuera para fumarse un cigarrillo y vio que Ornette estaba allí. Charlie Parker se le acercó y le dijo: “¿Tú eres el músico del saxo alto de plástico?”. Por lo visto alguien le contó a Charlie Parker que había un tipo loco con un saxo de plástico. Ornette le dijo que sí, “toco un saxo alto de plástico”. Charlie Parker le empezó a decir que él era alguien muy famoso, “toco en todas partes, en el Carnegie Hall…”, le hablaba de esta forma sobre sí mismo. Y Ornette me dijo: “Cuando escuché las canciones que tocaba Charlie Parker, realmente no me impresionó tanto como a los otros músicos”. Ya sabes, Charlie Parker es el mejor para muchos músicos de jazz. “No me impresionó tanto porque simplemente tocaba algunas canciones de Broadway y yo conocí a un saxofonista en Nueva Orleans que tocaba mucho mejor”. Me dijo el nombre, pero lo he olvidado. Es una de muchas y muy buenas historias.

Músico y periodista. Director del programa "Club de Jazz" (www.elclubdejazz.com) y colaborador de "Carne Cruda" (Javier Gallego, 'Crudo'), Radio Vitoria (EiTB) y las revistas 'Cuadernos de Jazz' (www.cuadernosdejazz.com) y 'El Asombrario' (www.elasombrario.com)

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