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Cambio o cambiazo


Será el efecto de la televisión, de las encuestas y de las estrategias, pero el caso es que veo una preocupante reducción de la política a símbolos y mensajes publicitarios. Todos los partidos se preparan para las generales y piensan más en gustarnos que en convencernos. Piensan más en seducirnos, emocionarnos, encandilarnos que en agitarnos, removernos, cuestionarnos. Ciudadanos, PSOE y Podemos, las tres alternativas al poder vigente, parecen haber llegado a la conclusión de que la ansiada centralidad del tablero, solo se conquista con un perfil ideológico bajo que no moleste a nadie y campañas de imagen que gusten a todos.

La semana pasada Podemos presentó su nueva hoja de ruta y una de sus grandes apuestas era cambiar el logo con la cara seria de Pablo Iglesias por un logo con la cara sonriente de Pablo Iglesias. Este fin de semana también se presentó Pedro Sánchez como candidato a la Moncloa y lo hizo, al más puro estilo estadounidense, con una bandera nacional en un plasma gigante que le hacía parecer un presidente yanqui antes de coger el Air Force One para salvar España de los separatistas y los soviets. Si quería ser portada de ABC lo consiguió aunque no se tragaron el numerito. Rivera se presentó también ayer como el candidato a las generales y su gran apuesta es él mismo con su mecanismo. Logos, caras y bandera. Como la Coca Cola, aquí llega ella, la nueva botella de la política. Pero el refresco es el mismo y sus dueños siguen echando a gente a la calle.

Por supuesto obviar que la política es imagen sería suicidarse, pero convertirla únicamente en eso, es suicidarnos a los votantes. Acabaremos sustituyendo la papeleta por un “me gusta” de Facebook. “Yo hago las políticas, tú las comunicas”, decía la primera ministra de la serie danesa Borgen. Aquí parece lo contrario. Tú comunica, ya nos ocuparemos de las políticas si nos toca gobernar. Hasta Rajoy cree que el suyo es básicamente un problema de comunicación, que también, y lo soluciona todo cambiando a dos nulidades como Floriano y González Pons, por el joven agitador de tertulias y redes, Pablo Casado. La nueva política como barniz rejuvenecedor de la vieja política. Le ha funcionado a la monarquía, por qué no les va a funcionar a ellos.

El barniz por el que todos se pelean es “el cambio”. Podemos, Ciudadanos y PSOE lo llevan como lema en sus actos. Hasta el PP vende que ha cambiado. Cuando organizaciones tan distintas repiten el mismo concepto, es que vale para todo y no sirve para nada. Como tantas otras cosas, nos han quitado la palabra para vaciarla de contenido. La han convertido en una marca en la que cabe lo que tú quieras poner. Pero encuentro a faltar que los partidos expliquen qué cambio quieren más allá de acabar con la corrupción y regenerar el sistema. El malo de Terminator 2 también se regeneraba y no era precisamente una buena noticia.

Ciudadanos habla de “cambio sensato” que es como cambiarse la raya del pelo al otro lado. Su programa es más liberalismo pero sin corrupciones. El PSOE habla de “cambio coherente” que es otra forma de decir “cambio sensato”, o sea, no se asusten que nosotros no somos radicales, somos socialdemócratas que en la política actual quiere decir liberales pero sensibles. Y Podemos se presenta como “cambio frente al recambio” pero ha suavizado su discurso para parecer más lo segundo que lo primero. ¡Si hasta se dicen socialdemócratas después de haber empezado proponiendo auditar la deuda y una renta básica! Demasiado alarmismo con los radicales ha calado hondo y nadie quiere pasarse de frenada. Nadie quiere ser políticamente incorrecto porque hasta por un chiste te hacen dimitir. En eso siguen ganando ellos. Les han metido miedo a dar miedo.

Pues yo tengo miedo a que más que un cambio, nos den el cambiazo. Cuando necesitamos cirugía, nos quieren dar photoshop. La hegemonía, esa que nace del núcleo irradiador según la pedante expresión de Errejón, consigue hacer parecer “insensato” e “incoherente” todo lo que no es hegemónico. Pero lo realmente insensato e incoherente es que durante la crisis haya aumentado el número de ricos en España en un 40%, según el informe de Riqueza en el Mundo publicado estos días. Lo que necesitamos son ideas que el sistema llama “radicales” para acabar con la incoherencia e insensatez que han llevado a miles de familias a la calle y al paro.

Rivera ha dejado claro que él no quiere ser el insensato. Podemos podría serlo, aún presenta ideas atrevidas y tiene a concejales peleándose en Cádiz por parar un desahucio. Por eso necesita aliarse con las mareas ciudadanas, el activismo y otras fuerzas que no miran ya tanto a las encuestas porque las han perdido de vista. Pero si se queda a medio camino, le puede ocurrir como al laborismo en Inglaterra, tan parecido al conservadurismo que los votantes acabaron prefiriendo lo malo conocido. Y aunque ganaran, de poco nos servirá si se convierten en un partido lampedusiano. Como dijo Thatcher cuando los conservadores perdieron las elecciones en el 97: “no importa, ya hemos ganado, la oposición es como nosotros”.

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