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Las mareas inundan las urnas

Las urnas han hablado y han soltado perlas por esa boquita y a cada cual le han
mandado su recado. Han dicho que la corrupción por fin tenía un precio aunque aún sea insuficiente, que se acabó la hegemonía del bipartidismo por más que sigan siendo los más votados, que tendrán que pactar para gobernar, que las mayorías tienen que escuchar a las minorías, que queremos diálogo y que queremos cambio. Han dicho que cada vez somos más los ciudadanos y ciudadanas que queremos participar de la política como protagonistas. No queremos que otros gobiernen por nosotros pero sin nosotros sino que gobiernen con nosotros para nosotros. Que manden obedeciéndonos, como recordó una vez más Ada Colau en la celebración de su victoria en Barcelona. Y eso va para todos.

Llevábamos cuatro años repitiéndolo y Cospedal nos retó a decirlo en las instituciones. Pues no nos lo digas dos veces, María Dolores. Hasta ahí podíamos llegar y hasta ahí hemos llegado. Las mareas han llegado a las urnas y las han inundado. Las mareas han inundado las urnas y han echado fuera a una parte del ejército de votos cautivos y desalmados. Las mareas han inundado las urnas y van a desalojar a un buen puñado de parásitos y chupópteros. Han inundado las urnas y han arrastrado parte de la inmundicia y el lodo. Les han hecho un lavado de bajos fondos. Las mareas han inundado las urnas de una ilusión de que se puede hacer algo, no sólo pararlos, sino empezar a ser decisivos, participar, gobernarnos. Querían que hablásemos en las urnas y hemos hablado.

Las urnas han hablado y han dicho que el Partido Popular no ha ganado las elecciones. Son los grandes derrotados y lo saben. No sólo porque han perdido todas las mayorías y sus feudos más inexpugnables. No sólo porque han caído ciudades irreductibles desde hace décadas como Madrid, Valencia o Cádiz. No sólo porque han tenido el menor número de votos desde el 91 sino porque son muchos más los que han votado en contra que a favor de ellos, aunque sigan siendo el partido con más votos. Fueron ellos los que establecieron que el PP o la nada, con ellos o contra ellos, ellos o el caos. La gente ha preferido el caos. Si se suman el resto de votos, el castigo a la mayoría aplastante, a la corrupción, al desprecio, al pisoteo y el ninguneo, es atronador aunque no quieran oírlo. Dejadles que sigan plasmados. Quizá cuando salgan del plasma y del pasmo mariano, su dinosaurio ya no siga allí.

Las urnas han hablado y le han dicho al PSOE que puede volver a gobernar pero con pactos, apechugando con otros y ahuecando el ala para dejar espacio. Han tenido el menor número de votos desde el 79. El cuento de la Transición ha terminado. Tendrán que entenderse con esos a los que llamaban “populistas” igual que Podemos tendrá que sentarse en la mesa del partido al que ha llamado “casta” hasta ayer mismo. Las urnas también le han dicho al partido de Pablo Iglesias que su proyecto gusta pero no es suficiente para tumbar al bipartidismo, para eso necesita abrirse a otras voces y dejar que sean protagonistas, devolverle a la gente la participación que tuvo al principio. Podemos es una palanca pero no basta con su cúpula como punto de apoyo, necesita que sean las mareas ciudadanas las que empujen el cambio. Para que la herramienta funcione se necesitan más manos.

Las urnas han dicho que no queremos un Frente Popular de Judea y un Frente Judaico Popular sino un frente popular amplio y le han dicho a Izquierda Unida que si no confluyen con ese escenario se extinguirán tan rápido como UPyD cuyos cuadros acabarán absorbidos en parte por Ciudadanos. Las urnas le han dicho también a Albert Rivera que su cambio sensato está bien pero que no es para tanto. No se puede sustentar solo en su rostro de amable líder. Ahora tendrá que demostrar si es algo más que el recambio del PP. Puede darle el gobierno en algunos territorios pero creo que si se acerca a ese ascua lo más probable es que se chamusque. Más le valdría distanciarse, dejar que se estrelle y recoger los restos del naufragio. Este país se modernizará el día que tengamos una derecha centrada que acabe con esa otra que huele a sacristía, franquismo y orinal.

Las urnas han hablado y han dicho que queremos una primavera de mujeres que hagan florecer el cambio. Mujeres revolucionarias y revolucionantes, alegres, aguerridas y valientes, frente a esas mujeres macho de ordeno y mando y rancio abolengo, de la mantilla, el oremus y el Espíritu Santo, del collar de perlas y Pecas, el perrito faldero. Queremos que nos gobiernen esas mujeres primavera como Manuela, Ada, Mónica o Yolanda que acaben con tanto invierno.

Las urnas han hablado y ya era hora. Han estado calladas, sometidas mucho tiempo, demasiado, como si no tuvieran que decir por esa ranura, como si todo lo que echáramos se quedara dentro. Pero ahora las mareas las han inundado, las han empezado y han empezado a largar. Han dicho el cambio ha empezado. El cambio está en marcha. No le echemos el freno.

 

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1 comentario

  • José de Málaga

    / Responder

    Buen artículo, le ha salido muy lucido (sin acento en la u) pero con tanta alegría y conclusiones festeras (de fiestas) que a mí no me lo parece, al haber irrumpido con fuerza esos movimientos mal llamados “mareas”, ¿provenientes del reflujo del mar o que son mareantes por afectar con su inestabilidad al sistema? A eso me refiero, con tanta bisoñez en las filas de unos y otros, que además de no garantizar una incorruptibilidad (ya veremos cuando toquen cartera) de sus componentes, su bisoñez en asuntos de Estado y falta de solidez en garantías jurídicas de leyes establecidas (declaraciones extremadamente populistas de Ada Colau por ejemplo), al estar en un mundo globalizado tan interconectado, me producen efectos físicos desagradables ante una aparente falta de estabilidad de criterios sólidos en política y finanzas, eso que algunos litris llaman “gobernanza”.
    En fin y demás…que el tiempo confirmara o quitara esas alegrías que se desprenden, de manera algo precipitada a mi modesto entender, del contenido de su larguísimo artículo.
    Saludos muy cordiales para el anónimo autor

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