El Planazo del sol naciente | Carne Cruda
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El Planazo del sol naciente

En el planazo literario de hoy desentrañemos (ejem) el libro, Caballos Desbocados de Mishima. A Yukio Mishima casi se le conoce más por su tremenda biografía que por su extensa obra (casi cien escritos entre novelas, ensayos y obras de teatro). Su muerte fue todo un acontecimiento en 1970; impulsado por un furor imperialista secuestró a un comandante del ejército, se parapetó en su despacho junto a unos seguidores y desde el balcón pronunció una arenga a las tropas en forma de manifiesto. Pretendía motivar un golpe de estado militar que devolviese el poder al Emperador y de paso el pretérito esplendor al Imperio. Lo cierto es que había preparado la acción meticulosamente e incluso había avisado a los medios; la TV envió helicópteros que con el ruido hicieron inútil el discurso de Mishima. Incapaz de hacerse oír volvió al despacho y procedió con el seppuku. El seppuku que es una muerte ritual que consta de dos partes; el hara kiri, que es la evisceración, el desentrañamiento, y se completa con un amiguete decapitándote. Y ni siquiera esto le salió bien al pobre Mishima, su lugarteniente intentó sin éxito la decapitación tres veces, hasta que otro de los acompañantes tuvo a bien separar su cabeza del tronco. El libro que recomendamos hoy, Caballos Desbocados, fue escrito en 1969, un año antes del suceso y es el segundo de la tetralogía El Mar de la Fertilidad (cuyo último volumen La Corrupción de un Ángel fue enviado al editor la misma mañana del suceso) En Caballos Desbocados descubrimos una historia de Isao Iinuma, un joven en el Japón de los años 30 que pretende restaurar las tradiciones y principios básicos que gobernaron la isla durante siglos, enfrentándose a la influencia de Occidente. Organiza un grupo nacionalista (el padre del protagonista tiene una Academia de Patriotismo) que pretende atentar contra las instalaciones militares, asaltar El Banco de Japón y cepillarse a los grandes empresarios, y una vez hecho esto, y para probar que sus intenciones son puras, cometerán seppuku. La historia resulta inquietantemente familiar. Contado de esta manera puede parecer un desvarío nacional-terrorista, pero que nadie se equivoque. La historia, los personajes, las motivaciones son puramente Mishima. Pasiones desbocadas llevadas al límite en un momento político revolucionario y personajes que extreman sus posturas ante un entorno pasivo. Y es que Mishima era un sentimental de tres pares; aunque estuviese obsesionado con el feudalismo y se pasase con las pesas (ríete tú de Pablo Motos) era un romántico empedernido, y eso se trasmite incluso en obras tan politizadas como Caballos Desbocados.

Planazo Fílmico Claustrofóbico. Vamos con Onibaba, una película atípica. Atípica porque es muy complicada de etiquetar: normalmente se le encajona en el género de terror, o puede ser un dramón, pero tiene toques eróticos (en España el título es Onibaba El Mito del Sexo), de suspense o incluso bélico. Dirigida por Kaneto Shindo (La isla desnuda) en 1964 es una película de culto, especialmente entre los seguidores del terror japonés. La historia es en esencia simple; una mujer cuyo marido anda batallando y su anciana madre sobreviven en plena guerra feudal asesinando a samuráis y vendiendo sus armas. La trama se complica cuando aparece un vecino que les cuenta que el marido ha muerto. La mujer se encapricha con éste y la madre se preocupa porque la dejen sola; a partir de aquí brotan sentimientos tan hermosos como la lujuria, los celos, la represión, la culpa o el miedo. A pesar de saber cómo se ganan las habichuelas no juzgamos a las protagonistas por lo que hacen; la guerra las ha despojado de todo y se tienen que rebajar a lo más macabro e inhumano para salir adelante. Arrojan los cuerpos de sus víctimas a un gran agujero negro que sirve de metáfora perfecta para la guerra y el papel del hombre en la misma. Ese pozo negro representa lo más oscuro del ser humano. Muchas metáforas y símbolos, empezando por la máscara que usa la anciana para asustar a la muchacha y disuadirla en sus escarceos eróticos (que sirvió de inspiración para la imagen del demonio de El Exorcista).

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Toda la acción tiene lugar en un cañaveral asfixiante y claustrofóbico, y muestra las bajezas morales de unos personajes que se dejan llevar por los instintos más primarios en un entorno atemporal e irreal; la fotografía ayuda a esto; un blanco y negro áspero, sugerente, con claroscuros turbadores y desasosegantes. Y añade la música compuesta por Hikaru Hayashi: percusión tribal japonesa y toques de jazz minimalista. Una metáfora visual sobre un panorama desolador, una película de demonios sin demonios, y un planazo perfecto para los fans de lo turbador.

Planazo sónico-yakuza número tres. Para despedirnos un discazo. Rodeo Tandem Beat Specter del que para mí es el mejor grupo japonés, Thee Michelle Gun Elephant. Surgidos en los 90 y desaparecidos por desgracia a principio de siglo fueron unos kamikazes descontrolados que cogieron lo mejor del garaje y del rock n roll de Detroit para detonarlo en nuestras narices con una intensidad y una mala baba encomiable. Los guitarrazos del fallecido Futhosi Abe eran literalmente misiles tierra aire, la base rítmica no mostraba piedad, un ejército de ninjas que vencían por aplastamiento, y además la voz de Yusuke Chiba, rasposa, eléctrica y viciosa. Yo soy de los afortunados que les vio en el Serie Z del año 2003. Antes del concierto no tenía mucha idea de lo que se me venía encima, y fue una epifanía. Lo tenían todo, clase a espuertas, carisma, gracia, y un cancionero que tiraba para atrás. Cuatro japoneses con trajes oscuros y gafas de sol (a las 2 de la mañana) fusilando riffs con pinta de pertenecer a la Yakuza. Por desgracia poco después se separaban. Yusuke siguió con Rosso y The Birthday, grandes bandas pero que no alcanzan la magia de Thee Michelle Gun Elephant.

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