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Guardar la casa y cerrar la boca


Mucho se ha aplaudido en las últimas horas la reivindicación de la gran Patricia Arquette en los Oscars pidiendo que se iguale el sueldo de las mujeres al de los hombres en Estados Unidos. Pero lo que aplaudimos fuera, parece que lo olvidamos dentro. Mientras mirábamos a la estrella hollywoodiense, casi nadie parecía acusar recibo de la brecha salarial en España que se conocía al mismo tiempo, coincidiendo Día de la Igualdad Salarial. Tenemos días para todo lo que no tenemos.

Pues bien, en 2015 las españolas ganan un 24% menos que los hombres por el mismo trabajo, según el informe publicado por UGT, la mayor diferencia en los últimos cinco años. Dicho de otra forma para que lo entendamos: ellas tienen que trabajar alrededor de 80 días más que nosotros para ganar lo mismo. Dos meses y veinte días más de trabajo. Si hablamos de contratos temporales, la brecha se transforma en un abismo del 33,7% y nos coloca a la cola de Europa. Esto sí que son grietas y no las que abrió el terremoto de ayer.

Pero ni una mísera réplica de la sociedad española produjeron estos datos y ni siquiera un pestañeo por parte de este gobierno, líder en todas las desigualdades, entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres. El ministerio de Sanidad, al que corresponde esta cuestión desde que se suprimiera la cartera de Igualdad, salió al paso con la típica palabrería bienintencionada que no esconde que la principal causa del aumento de la desigualdad es precisamente que se han eliminado las políticas y la vigilancia para paliarla. Como con el terrorismo contra las mujeres, bien sabemos que esta injusticia sería asunto de Estado si el que cobrase menos fuese Manolo y no Manoli.

Si el que abortase fuese Manolo y no Manoli, el PP no trataría de colarnos, ahora de tapadillo, una reforma que impida a las menores interrumpir el embarazo sin el consentimiento de sus padres, algo que por cierto solo ocurre en el 0,44% de los abortos. La ley actual ya contempla que las chicas acrediten para abortar solas los riesgos de violencia, coacción o amenazas de sus progenitores. Pero este gobierno quiere obligarlas a pesar de eso. Le importa mucho más la integridad de un cigoto que la de las mujeres. Desde que son jóvenes, les están diciendo que tienen menos derechos que lo que no ha nacido. Son menos que lo que no es. Las mujeres no son.

Y así pasa con todo, en todos los ámbitos. Criticábamos hace unas semanas el machismo del gobierno de Tsipras que no ha nombrado ni una mujer, pero nadie se ha escandalizado porque el nuestro solo tenga 4 ministras de 14 posibles. En Suecia, el país europeo más igualitario, hay más ministras (12) que ministros (10). Allí tienen casi un 50% de parlamentarias, aquí nos quedamos en el 36% y hay casi el doble de diputados que de diputadas. Aquí el 90% de los altos cargos son hombres, el 87% en los consejos de administración y las mujeres también en esos puestos cobran menos, un 17% menos. Sin embargo, en nuestro país las mujeres han puesto en marcha el doble de empresas que los hombres desde el 2008 y son más y bastante mejores académicamente, según todos los índices. Si lo que importase fuese el mérito y no el género, como defiende el machismo rampante, las mujeres gobernarían no solo este país, también el mundo.

Estamos muy lejos de conseguirlo, incluso diría que nos alejamos. En España un tercio de los chicos jóvenes considera “aceptable” controlar los movimientos de su pareja femenina, como ha publicado el CIS. No me extraña. Vivimos en un país en el que impresentables machistas como Alfonso Rojo o Eduardo Inda insultan a las mujeres en tertulias de máxima audiencia, algunas incluso de medios públicos, a las que les siguen invitando a pesar de sus faltas de respeto que no se tolerarían si fuesen dirigidas a hombres. Vivimos en un país en el que Tania Sánchez sigue siendo la novia de Pablo Iglesias pero nadie presenta a Pablo Iglesias como el novio de Tania Sánchez. Esas desigualdades explican la brecha salarial y hasta que no atajemos aquellas, no acabaremos con esta.

Porque a veces no parecen tan lejanas las palabras de Fray Luis de León que recuerda la poetisa Clara Janés en su historia de las escritoras olvidades, Guardar la casa y cerrar la boca: “Así como la naturaleza hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca”. Menos mal que hay mujeres como Rosalía (se cumplen hoy 178 años de su nacimiento) que han desobedecido y han abierto la boca para cantar: “Solo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios, aunque alrededor hubiese sentido, el ruido de las cadenas que debían aprisionarme para siempre, porque el patrimonio de la mujer son los grillos de la esclavitud. Yo, sin embargo, soy libre, como los pájaros, como las brisas, como los árboles en el desierto y el pirata en el mar”.

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