Cuidado con los falsos poetas | Carne Cruda
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Cuidado con los falsos poetas

La semana pasada, en una pequeña librería de Orihuela, su ciudad natal, el joven activista y poeta Miguel Hernández presentó su último libro, Viento del pueblo. Hoy hemos sabido de su detención en el curso de la reciente redada contra “el terrorismo anarquista” ordenada por la Audiencia Nacional. El libro de Miguel Hernández ha sido secuestrado por la policía y su difusión en la red se considerará “incitación a la violencia y a la movilización ilegal”, lo que, con arreglo a la nueva ley del Partido Popular, puede ser penalmente perseguido como delito. El libro, sin duda, merece todas estas precauciones. Más allá de sus ripios sonoros y demagógicos y muy a menudo obscenos y sacrílegos ­habla, por ejemplo, de “los cojones del alma”­ los versos de Miguel Hernández, joven marginal sin estudios ni trabajo conocido, son una llamada a deponer por la violencia el orden democrático trabajosamente construido durante los últimos 40 años. En estos versos que leo a continuación, por ejemplo, se detecta muy claramente su apoyo a los perriflautas antisistema del movimiento 15­M: “bajo una zarpa de lluvia/ y un racimo de relente/ y un ejército de sol/ campan los cuerpos rebeldes/ de los españoles dignos/ que al yugo no se someten”, todo un desafío a las instituciones y a nuestros legítimos gobernantes, los cuales ­no hay que olvidarlo- fueron un día elegidos en las urnas. ¿Y qué decir de esta agresiva, subversiva e irresponsable arenga a nuestra juventud, castigada por el paro, es cierto, indignada por la corrupción y sin muchas esperanzas de futuro, es verdad, pero agradecida al esfuerzo de sus mayores y a la prudencia de sus políticos? Escribe Miguel Hernández en su tono dinamitero: “si la juventud de España/ de un impulso solo y verde/ alzara su gallardía/ sus músculos extendiese/ contra los desenfrenados/ que apropiarse España quieren…”. ¿Qué pasaría? Puede imaginarse con facilidad: si la juventud se rebelara y se acabara con la corrupción, si los ricos pagaran impuestos, se distribuyera mejor la riqueza, España afirmase su soberanía y las personas fueran más importantes que los bancos, nuestro país sería… como la Unión Soviética. ¡Qué digo la Unión Soviética! Sería como Cuba. ¡Qué digo Cuba! Sería como Venezuela. ¡Qué digo Venezuela! Sería como Suecia o Finlandia. ¡Qué digo Suecia o Finlandia! Sería justa y democrática. No se puede permitir que la poesía alimente esta deriva ni que los poetas, los jóvenes, los indignados, los perriflautas y los antisistemas nos arrastren por ese precipicio. Miguel Hernández, justamente detenido, debe ir, sin duda, a la cárcel.

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