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Cómo se las gasta la casta

Como diría Gila, los consejeros de Caja Madrid nos han robado 15 millones de euros, pero ¡y lo que hemos aprendido! No es que nos falte formación sobre corrupciones y contratas porque estos años hemos hecho, todos, un máster en la materia, pero el escándalo de las tarjetas negras está siendo como sacarse el doctorado cum laude de usos y costumbres de los corruptos. Las tarjetas fantasma son la mejor tarjeta de presentación de las élites extractivas de este país. Nos enseñan no sólo lo que gasta la casta sino cómo se las gasta. Nos muestra cuál es la actitud insultantemente despreocupada e impune de los ladrones que van a la oficina.

Nos revela también que la corrupción está extendida como un tumor por todo el cuerpo de nuestras instituciones, desde los sindicatos a la empresa pasando por los partidos, y que el virus empieza a manifestarse en pequeños robos y corruptelas menores que acaban provocando un cáncer que nos ha costado 22.000 millones de euros de rescate a Bankia, 100.000 millones de rescate a los bancos y la quema del sistema educativo, el sanitario y el laboral. Así que  comparativamente el caso de las tarjetas es como llevarse un paquete de folios de la oficina. Pero por ahí empieza todo. No por un gran robo orquestado por mentes maquiavélicas. Es la demostración de la tesis de Hanna Arendt sobre la banalidad del mal.

El mal empieza por acciones triviales. Mucha gente haciendo las cosas mal sin pensarlo demasiado porque creen que otro asumirá la responsabilidad. Los consejeros de Caja Madrid cuentan que les dieron unas tarjetas para sus gastos y les dijeron que no se preocuparan. Se lo tomaron al pie de la letra. Empezaron a gastar despreocupadamente y por si acaso no preguntaron ni de dónde salía el dinero ni por qué tenían ese privilegio ni quién declaraba los gastos a Hacienda. Tampoco les preguntaron sus compañeros cuando pagaban comidas o gastos de la organización con la tarjeta. Mejor no preguntar para no tener que enfrentarse a la respuesta. El mal crece y se hace fuerte con los silencios.

Tampoco los consejeros de Caja Madrid preguntaban por las cuentas de la entidad. Entre ellos, Pedro Sánchez que estuvo dentro de la bestia mientras la purgaban. Ahora se indigna cuando se le recuerda, hace una expulsión sumarísima de los cargos implicados para demostrar que él está limpio y dice que tiene los bolsillos transparentes. Ahí tuvo las manos metidas, en los bolsillos, durante los cuatro años en los que fue miembro de la Asamblea General de la caja y votó a favor de las cuentas de Blesa, la emisión de preferentes o los ruinosos negocios de la entidad. Aunque es economista, dice que él no sabía nada de esto, así que tuvo que mirar para otro lado para no enterarse: porque tuvo que mirar para otro lado para no ver nada. Como IU, PSOE, PP, UGT, CCOO y los empresarios madrileños. Miraban para otro lado o apartaban la vista. Por eso ahora también apartan la vista cuando les miramos a los ojos.

Mirar para otro lado y poner la mano también es corrupción. Ahí empiezan todos los males de este país. Empiezan cuando creemos que llevarnos un paquete de folios no importa y luego nos llevamos dos y después cobramos en negro y más tarde pagamos menos a Hacienda y miramos para otro lado cuando lo hace el vecino y así entre todos acabamos desangrando el país. Así se las gasta la casta. Robar, aunque sea unos folios, es casta. Ese es el cambio de mentalidad que tenemos que hacer entre todos. La casta no lo hará porque en todo este tiempo no ha hecho siquiera una ley para acabar con los corruptos. Es cosa nuestra acabar con ellos, empezando por la casta que cada uno llevamos dentro.

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