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Silvio Castro, ex directivo del FMI, publica “La Crisis”


En este su segundo libro Silvio Castro, nacido en Soria en 1952, realiza una auténtica hazaña literaria. Como es sabido, a lo largo de la historia distintos autores se han impuesto a sí mismos desafíos lingüísticos formidables a fin de exhibir su virtuosismo idiomático y su ambición vanguardista. Jardiel Poncela en España o George Perec en Francia, por ejemplo, escribieron sendos lipogramas; es decir, textos narrativos en los que está intencionadamente ausente la letra “e”. Asimismo Luis Martín Santos o Camilo José Cela redactaron novelas sin signos de puntuación. Otros han escrito poemas sin la vocal “a” e incluso obras de teatro completas sin doce de las consonantes más recurrentes.

Pues bien, Silvio Castro, exdirectivo del FMI, exconsejero de Iberdrola, que inició su carrera literaria hace tres años con sus explosivos y desenvueltos relatos sobre los notarios de Madrid, se ha atrevido ahora a escribir un novelón social de 1200 páginas, un minucioso y descarado fresco de la crisis en España en el que no utiliza ni una sola vez ninguna de las siguientes palabras: “pobreza”, “desahucio”, “corrupción”, “hipoteca”, “clase media”, “salario”, “ruina”, “trabajador”. Ni siquiera utiliza la palabra “crisis”, que sólo aparece en el contundente e ingenioso título: “La Crisis”. Aún más: la admirable elegancia y destreza de su estilo se ponen de manifiesto en el cuidado con el que evita incluso la palabra “problema” -gran tentación de todos los escritores contemporáneos- de la que únicamente encontramos alguna huella en la página 623, donde es usada como eufemismo del órgano sexual masculino, y en la 1021, en su forma adjetiva, cuando el protagonista encuentra “problemático” un crepúsculo sobre la playa de Sitges.

Durante más de mil páginas decenas de personajes unidos por su deseo de viajar a Marte atraviesan la época sin rozarse entre sí, sin saludar a un vecino, sin detenerse siquiera en los semáforos. A algún lector pudibundo podrán parecerles polémicas las libertades que se toma Silvio Castro con las truchas, pero nadie podrá dejar de admirar el realismo con el que deja sistemáticamente al margen la realidad; la vitalidad con la que aparta de su camino todo rastro de vida. Como dice Segismundo, el banquero agorafóbico que vive dentro de una reproducción de la mítica estación espacial MIR: “Estoy hasta los huevos de que haya gente ahí fuera”. Silvio Castro la ha evacuado toda de un genial plumazo.

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