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El arte del ruido

Recientemente se han cumplido 100 años de la obra que convirtió el ruido en arte: “El arte del ruido”, obra de Luigi Russolo, pintor y compositor futurista italiano que en 1913 hace público este manifiesto. El futurismo fue una de las primeras vanguardias del S.XX y la primera bofetada bien dada a la tradición artística. Si retrocedemos en esa línea de subversión que puede unir el punk con el situacionismo, el surrealismo y el dadaísmo, acabaremos topándonos con el futurismo como uno de los orígenes más claros.

El creador del movimiento es Filipo Tomaso Marinetti, que redacta en 1908 el manifiesto futurista en el que propone una ruptura absoluta con el arte conocido hasta la fecha. Los futuristas defienden la irreverencia radical, veneran la violencia, la electricidad, la tecnología, la velocidad y proclaman su deseo de destrucción de la Academia, y de los que la habitan. Hay una frase que se ha hecho bastante célebre y que resume bastante bien su espíritu:  “un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia. Desgraciadamente después de la primera Guerra Mundial el movimiento degeneró, Marinetti y algún otro futurista se obsesionaron demasiado con la belleza de la guerra y acabaron estrechando lazos con el fascismo mussoliniano.

Russolo defendía que el oído humano ya se había acostumbrado a la velocidad y a los sonidos del mundo industrial,  en definitiva al ruido, y lo que proponía era incorporar el ruido a la paleta de sonidos que un compositor podía utilizar. A mi esto me parece absolutamente visionario. ¡Estamos en 1913! Además es que no se frenó en la teoría, sino que se puso manos a la obra e inventó el”Intonarumori”, que en italiano significa el entonaruidos, el primer generador de ruidos de la historia. Se trataba de varias cajas con altavoz incorporado y con una manivela que accionaba un mecanismo y producía todo tipo de ruidos, de hecho cada caja recibía un nombre diferente: crepitador, aullador, atronador…

russolo

El Intonarumori de Luigi Russolo

Entre 1913 y 1914, Russolo presentó su obra ruidista en directo en varias ciudades europeas y la respuesta fue el espanto colectivo. Por contextualizar históricamente: unos meses antes había tenido lugar el polémico estreno de “La consagración de la Primavera” que provocó una gran trifulca entre el público. Si escuchada hoy esa obra de Stravinski nos parece absolutamente armoniosa… entonces imaginaos como debió ser la reacción de las gentes de la época a esta música futurista, a algo que 100 años después nos sigue pareciendo ruido. Recibió todo tipo de críticas. Hay una crónica del Times de un concierto de Russolo en Londres que cuenta que en la segunda mitad del concierto el público ya más que silbar o protestar lo que pedía era clemencia.

Pero sería injusto quedarnos en lo anecdótico porque, si buena parte del público de la época contempló con horror sus conciertos, lo cierto es que algunos de los más avanzados compositores de la época lo recibieron con mucha curiosidad y alguno incluso reconoció la influencia de un concepto tan novedoso. Hablamos de gente como Stravinski, Edgar Varese, Ravel, Darius Milhaud etc. Por otro lado con los años Russolo refinó sus apariciones públicas. En 1921 dio tres conciertos en París, junto a su hermano Antonio, en los que toda una orquesta sinfónica y 27 intonarumori sonaban juntos. Eso dio una nueva dimensión al asunto al insertar el ruido dentro de la música y conseguir añadirle ese matiz mecánico que tanto influyó en numerosos compositores de vanguardia posteriores.

En efecto, a pesar del rechazo que originó en su tiempo, la idea de Russolo de reivindicar el ruido como material artístico es tan potente que sobrevuela toda la vanguardia musical del siglo XX. Su sombra está en John Cage, en Fluxus, en la electroacústica,  en la música concreta… Pero si el espíritu de Russolo se ha reencarnado en una escena es en la música industrial y también en esa hermandad ruidista internacional capitaneada por el japonés Merzbow desde su aparición en 1979. Más allá de músicas tan extremas hay que citar a una conocida banda inglesa de los 80, que se bautizó en honor al arte del ruido de Luigi Russolo. Eran The Art of Noise. 100 años después, Russolo sigue haciendo ruido.

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